No se nace trans, se llega a serlo

En primer lugar quiero dejar claro que esto es únicamente una vivencia más dentro de la diversidad trans*, ni más ni menos válida que cualquier otra. Asimismo, escribo desde un lugar personal, vivencial, el cual no quiero ni imponer ni nombrar como universal. Por último, hablo desde un punto de privilegio, blanco, occidental y con passing masculino en mi día a día.

Genderpoo
Genderpoo, by Coco Riot

Últimamente me estoy cruzando en muchas ocasiones con discursos trans*, los cuales afirman que las personas trans nacemos trans, e incluso que nacemos con el género con el que nos identificamos (generalmente se refieren a alguno de los géneros binarios masculino o femenino). Cada vez más, son visibles los relatos de menores trans, quienes desde una edad muy temprana ya se identifican con otro sexo/género que el que les fue asignado al nacer. A veces parece que ésta fuese la única realidad, la de les trans que desde peques ya sabían que no se identificaban con el género que les decían que eran (bien lo expresaran en voz alta o no). Y, si bien es una de las realidades trans*, no es la única, y tampoco es más o menos válida que otras.

¿Qué pasa con les trans que no “lo sabíamos” desde peques? ¿Aquelles que nunca tuvimos ningún problema y/o disonancia con nuestro género? Aquelles que no nacimos trans, sino que llegamos a serlo. Aquelles que, debido a nuestra trayectoria personal, política, social y/o cultural, en algún momento nos cuestionamos nuestro género y quisimos, sentimos la necesidad de experimentar con él. Hablamos de que el género es una construcción social, cultural e histórica; hablamos de que el género es performativo; pero a veces lo asumimos como “natural”, inherente a nuestro cuerpo. Y si bien ésta puede ser la realidad de muchas personas trans, hay quienes no lo vivimos así, quienes en un momento de nuestra vida decidimos transitar, por el simple hecho de que, quizás, en la sociedad actual en la que vivimos nos sentimos más cómodes desenvolviéndonos en otro género al que nos fue asignado. Nos construimos, construimos nuestra identidad a través de los discursos disponibles en la sociedad, en base a representaciones corporales que tenemos a nuestro alrededor, representaciones de lo que es el género y los cuerpos. No vivo aislado, y parte de mi discomfort venía dado por cómo me trataban los demás al leerme con un género, y con un cuerpo. Quizás lo que me hace trans es la forma en qué me trata la sociedad según cómo lea mi cuerpo y mi género. Y no todos los cambios en cómo me percibe la sociedad los vivo como positivos, como por ejemplo el pasar de ser el punto de mira y de agresión a ser considerado como posible agresor; el pasar de dudar de todos los hombres que caminan en mi misma dirección por la noche, a sentir que están pensando eso mismo de mí, que soy visto como un “potencial agresor”.

¿Por qué hablo de un llegar a ser trans? ¿Es que no ha sido toda mi vida así? Todavía recuerdo bien como de peque, si la gente me hablaba en masculino o hablaba del niño yo los corregía, y decía que era una niña. Y la felicidad cuando en un hotel, de vacaciones con mis padres, el camarero que nos atendió todos los días me trató desde el primer momento en femenino, y me llamaba reina. En ningún momento expresé deseo de ser un niño, y si bien mi expresión de género no era femenina, según los modelos normativos, esto no lo viví nunca como un “problema”, sino como algo más que me hacia diferente y especial (ser ele unique que iba en bicicleta al instituto me causó muchos más problemas y bullying que mi expresión de género). Yo no fui un niño trans, y ni estoy avergonzado de mis años vividos en el género femenino ni fueron años “perdidos”, volvería a vivirlos sin dudarlo un momento. Estoy bastante seguro de que si le cuento estas historias a cualquiere psicólogue de una UIG (Unidad de Identidad de Género), automáticamente me “diagnosticaría” como no trans, por el simple hecho de que yo no nací trans, sino que he llegado a serlo.

Ahora bien, quizás haya quien piense que, si nunca me sentí identificado con el género masculino, si no he sido un niño desde peque, realmente no soy trans, y se pregunte cómo fue que llegué a transitar. Como persona trans, hubo un momento en el que ya no podía seguir viviendo con el género que me había sido asignado al nacer, el de mujer. El que la sociedad me leyese con cuerpo de mujer, de género femenino, me hacía sentir mal, esa no era realmente yo. No es que haya decidido transitar porque prefería vivir en un género binario, pero tengo muy claro que soy trans en la sociedad en la que vivo, pero que mi ser trans podría ser bien diferente si la sociedad y la visión de los géneros que tenemos (y sobretodo la carga que se les da) fuese diferente.

Por tanto, la pregunta podría ser, ¿y si no hubiese esta diferenciación, hubiese tenido esta necesidad de transitar? Sin estas diferencias existentes, en una sociedad sin géneros, seguramente no hubiera realizado un tránsito de género tan, en cierta medida, binario, pero definitivamente sí que habría pasado por la operación de pecho (mastectomia). Que no me identificara como niño no quiere decir que mi relación con mi cuerpo fuese buena durante toda mi adolescencia. Mi ideal y referente de cuerpo era el de la mujer deportista, “cachas” y de pecho prácticamente plano. Y es que, el tener un cuerpo no va asociado a un género. No me identifico con una identidad masculina (ni femenina), ni con un cuerpo masculino (ni femenino), pero sí tengo la necesidad de un torso sin mamas, y no por el hecho de verlo masculino, sino porque me permite ser yo. Se podría decir que veo mi transición más como algo corporal que de género.

Bosoms, by Jiro Gianni
“La predicción de género de hoy muestra un área de alta presión por el norte…”  “… con un exceso de heteronormatividad” (Bosoms, by Jiro Gianni)

En este proceso en el que he llegado a ser trans, ¿qué vino entonces antes, la autoidentificación como trans o la testosterona? Definitivamente, fue la testosterona la que inició mi transición, y fueron sus efectos los que llevaron a ésta. No veo la testosterona como algo necesario para vivir, simplemente me hace la vida más fácil y cómoda. La testosterona me guió y ayudó en mi autoidentificación, como persona trans, genderqueer y de expresión de género masculina. Cada vez más la veo como un doping, una droga a la que, al final, soy adicto.

Me siento feliz de haber tomado la decisión de transitar. ¿Cambiará mi identidad de género en el futuro? Seguro, el género lo vivo como algo fluido, y la transición como algo que vendrá conmigo el resto de mi vida, que no acaba ni tiene un fin. Y es que, al fin y al cabo, no he devenido ni hombre ni mujer, sino trans.

Artículo de Bart Bloem

Notas del autore:

1.- En el texto uso el género neutro construido en castellano con la terminación en la vocal “e”.

2.- “No se nace trans, se llega a serlo”: La frase del título hace referencia a la conocida cita de Simone de Beauvoir, en su libro “El Segundo Sexo” (1949): “No se nace mujer, una llega a serlo.”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *